12 de febrer de 2010

La contra de LaVanguardia a David Monteagudo.

Al darrer post , un video il·lustra aquell primer pilar de 7 descarregat a Reus pels Castellers de Vilafranca  , un dels moltíssims pilars amb un dels seus instigadors , en David Monteagudo parant-lo al pis de quart .
En David ja fa unes temporades que no fa castells però triomfa en un altre camp ;  el literari . Avui és el protagonista que ocupa la contraportada de La Vanguardia , l'autor de "FIN" , la seva primera obra publicada i que ja arriba a la 7a edició .

Moltes felicitats i molts més èxits , company !
David Monteagudo, el obrero escritor
"No quería ir de artista por la vida y acabé de peón"
IMA SANCHÍS  - 12/02/2010

48 años. Nací en Viveiro (Lugo) y vivo en Vilafranca del Penedès con Olga. Tenemos un hijo de 3 años. Soy peón en una fábrica de cajas y cartones. Pienso que hay que acoger a todos los inmigrantes y compartir la prosperidad, porque eso crea más prosperidad. Soy agnóstico

En casa éramos pobres, pero había veneración por la cultura. Y eso me perjudicó.

¿Le perjudicó?

Éramos los hijos de una simple maestra y de un oficinista que a los cuarenta años abandonó el trabajo porque quería ser pintor. Escogió mal.

¿Por qué?

Era un artista integral y quizá si se hubiera dedicado a otra cosa podría haber llegado a algo. Pese a ello, en casa se nos inculcó la conciencia de pertenecer a una aristocracia cultural, la idea de que éramos superiores a los demás, una cosa un poco absurda. Y siempre sobrevolaba la exigencia de que tenías que ser el mejor, había que triunfar.

Y usted lo vivía mal.

Sí, era agotador, y decidí optar por todo lo contrario, fundirme con la masa. Además, cuando eres tartamudo tienes ciertas limitaciones y en eso de la superioridad hay algo que falla. Me puse a trabajar en puestos de currante y ahí sigo, de obrero, aunque seguí leyendo.

¿Era un rebelde?

No, hacía todo lo que me decían y veneraba a mis padres. No los he juzgado desde una posición más critica hasta los 40. Mi padre murió, pero veo a mi madre con todos esos defectos convertidos en caricatura.

¿Qué defectos?

El egocentrismo y el desprecio por la gente sin cultura mientras mantenía el discurso contrario. Mi madre tuvo seis hijos, los dos mayores murieron de bebés, los dos que siguen, mucho mayores que yo, se criaron con ella. Mi hermano gemelo y yo nos criamos con mi padre en su faceta de pintor.

¿Cómo le afectó el fracaso de su padre?

Tuve claro que no había que ir de artista por la vida y acabé de peón en una fábrica, pero yo me ganaba la vida.

¿Vivían del sueldo de su madre?

Sí, pero en Galicia, pese al sueldo miserable de maestra y a no tener electricidad ni agua caliente, vivíamos bien; a la maestra en un pueblo se la cuidaba. Aquel es mi paraíso perdido.

¿Y luego?

De niño tenía grandes crisis de llanto y, en la adolescencia, tanto mi hermano gemelo como yo tuvimos unas depresiones terribles. Luego escogí: vivo en un piso de alquiler de 40 metros cuadrados, no tengo coche, me muevo en moto, no poseo nada, sólo libros.

¿Cómo le ha afectado la tartamudez?

Ha sido mi gran trauma, pese a ello he conseguido recitar ante el público. Y en el colegio conseguí ser el líder, el gran triunfador.

Empezó a escribir a los 40 años...

La muerte de mi padre tiene mucho que ver, fue como entrar en la madurez y decidir mi futuro con consciencia. Pero siempre intuí que sería un escritor famoso.

¿Ah, sí?

Haciendo la mili tuve una novia a la que le escribía cartas infames inspiradas en grandes poetas, y cuando lo dejamos me las devolvió y pensé: "¡Menos mal, porque cuando sea un escritor famoso esto puede perjudicarme!". ¿Qué me hacía pensar eso? Hoy sé la respuesta: leía y leía.

Viene de tierra de meigas, ¿no cree en el misterio?

Sólo creo en mis propias capacidades y que en esta vida estamos solos y solos resolvemos nuestros problemas.

Para usted, que siempre ha querido triunfar, tener diez libros en un cajón durante ocho años sería muy frustrante.

Yo era un joven con prisa, quería conseguir las cosas y conseguirlas ya. Con la literatura empecé con el ímpetu habitual, pero cuando vi que el primer manuscrito no lo quería nadie, ni el segundo, ni el tercero, no me rendí y seguí escribiendo. Quizá salió la auténtica vocación, el gusto por escribir.

¿Dejó de enviar manuscritos?

Sí, fue Olga quien tomó el relevo, yo me dediqué a escribir y a escribir. Y cuando me olvidé de triunfar es cuando salieron las cosas, pero sí era frustrante. Había hecho una apuesta y me daba de plazo hasta los 50.

En esos ocho años, ¿cuántas veces se acordó de la fallida apuesta de su padre?

 El fantasma del fracaso flotaba a mi alrededor, siempre fue una amenaza. Así que no le enseñaba a nadie mis manuscritos.

¿Qué piensa hoy de sí mismo?

Soy agradable, simpático y bueno. Y he demostrado tener capacidades y talento.

¿Se lo ha demostrado a sí mismo?

Siempre había tenido claro que era un crac, triunfé en todo lo que me propuse. Pero cuando llegas a los 40 te preguntas si en realidad no serás un mediocre. En el último momento he dado un giro a mi vida.

¿Qué características hay que tener para conseguir lo que te propones?

Ser muy trabajador, algo que le faltó a mi padre. Ser ambicioso y querer gustar a los demás. Yo no escribo para mí, escribo para los otros. Siempre he querido agradar.

¿Qué ha aprendido haciendo cajas durante catorce años?

Que en esta vida todo cuesta un esfuerzo terrible. He aprendido a convivir con lo que es la base de la sociedad, ellos son los que crean las mayorías políticas, y te das cuenta de que sus bases son muy precarias.

¿Lo más extremo que ha vivido?

La felicidad que experimenté a los 10 años cuando la niña de la que estaba enamorado me dijo que le gustaba. Y cuando conseguimos hacer un pilar de seis con los castellers. Curiosamente, ahora, todo este éxito no lo estoy disfrutando.